domingo, 7 de diciembre de 2014

EL ARTÍCULO NO VA SOBRE SEXO

Querido lector, espero que me perdones ya que me he servido del reclamo de la palabra “sexo” para captar tu atención. En efecto, el artículo no va sobre sexo. Versa sobre el concepto de justicia, su etiología, la estrecha relación que guarda con la moral y con el malestar que nos genera la contradicción.

Teorías Filosóficas sobre el concepto de Justicia (selección a mi gusto)

Platón: La justicia como armonía social. En su libro República, Platón propone para la organización de su ciudad ideal, a través del diálogo de Sócrates, que los gobernantes de esta ciudad se transformen en los individuos más justos y sabios, o sea en filósofos, o bien, que los individuos más justos y sabios de la comunidad, es decir, los filósofos, se transformen en sus gobernantes.
Aristóteles: La justicia como igualdad proporcional: Dar a cada uno lo que es suyo, o lo que le corresponde. Dice que lo que le corresponde a cada ciudadano tiene que estar en proporción con su contribución a la sociedad, sus necesidades y sus méritos personales.
Santo Tomás de Aquino: La ley natural. Dice que los ciudadanos han de tener los derechos naturales, que son los que Dios les da. Estos derechos son más tarde llamados Los Derechos Humanos.
• Para los utilitaristas las instituciones públicas se componen de una forma justa cuando consiguen maximizar la utilidad agregada (en el sentido de felicidad). Según esta teoría, lo justo es lo que beneficia al mayor número de personas a la vez.

Principio de Justicia Retributiva

Un aspecto interesante de la organización de las sociedades es cómo se reparten los recursos disponibles, los bienes producidos y la riqueza disponible. En principio, en la mayoría de sociedades se han manejado dos conceptos parcialmente incompatibles sobre qué es una distribución justa de los bienes y la riqueza:

• La justicia según la necesidad, sostiene aquellos que tienen mayores necesidades de un bien deben poseer asignaciones mayores.
• La justicia según el mérito, sostiene que aquellos que más contribuyen a la
producción de bienes y riqueza deben tener también una mayor proporción de los mismos. 

Relación justicia y moral: HUMANOS

En la versión original del Juego del Ultimátum (estático y para dos jugadores) creada por Güth et al. (1982), el jugador número 1 (llamado proponente) ha de dividir una determinada suma de dinero entre él y el jugador 2 (llamado receptor) en condiciones de total anonimato.
A continuación, el jugador 2 acepta o rechaza la división. Si es aceptada, el reparto se hace conforme a la propuesta del jugador 1; si es rechazada ambos ganan cero. El juego del ultimátum es un juego asimétrico de suma no cero, donde las dos partes interactúan de manera anónima y sólo una vez. Estas características del juego evitan la consideración de la reputación, la confianza y la reciprocidad en la toma de decisiones. El proponente no tendrá en cuenta la necesidad de mostrar una determinada imagen de su personalidad en el otro jugador ni de consolidar estrategias de juego que le favorezcan en el futuro. El óptimo de Pareto de este juego sería el resultado derivado de una estrategia perfectamente cooperativa, en la cual el jugador 1 y el jugador 2 repartan equitativamente la suma total disponible (cada uno obtiene T/2). Pero bajo la hipótesis de que los sujetos maximizan su propio beneficio, la estrategia dominante del juego es decir, aquella que debiera ser racionalmente tomada para asegurar la maximización de la utilidad individual y, por tanto la predicción del resultado que apuntaría el equilibrio de Nash, es: para el jugador 1, ofrecer la menor cantidad de dinero superior a 0, y para el jugador 2, aceptar cualquier oferta del jugador 1 superior a 0 por mínima que sea, pues el jugador 2 debería preferir algo antes que nada.

Sin embargo, los experimentos que se han realizado con este juego muestran que en la mayoría de los casos los proponentes se anticipan a los criterios de justicia de los aceptantes y ofrecen un reparto equitativo y que los receptores del ultimátum prefieren renunciar a un beneficio pequeño castigando al que pretende obtener un beneficio mayor basado en la decisión racional. El sentimiento de justicia, es tan poderoso que preferimos quedarnos con nada a aceptar situaciones injustas.

Relación justicia y moral: PRIMATES

Basado en 40 años de observación de primates, De Waal asegura que lo que los seres humanos denominamos como "moral" está mucho más cerca del comportamiento social de los simios que a una imposición divina o una decisión filosófica. Para el científico, la moral no pasa por una decisión que se toma o que se impone desde arriba -filosofía, religión o incluso autoridad- sino que es innata al comportamiento social humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que viene como parte del "paquete social" que también puede encontrarse en otros animales como nuestros parientes primates.

En unas pruebas realizadas con chimpancés, se le da una bandeja que contiene alimento a un sujeto A. La particularidad de la bandeja es que está fijada a unos carriles y atada por unas cuerdas. Desde una jaula adyacente, un sujeto B puede tirar de ella y quedarse con toda. El sujeto A cuenta con una palanca que le permite abortar la operación, arrojando toda la comida al suelo si la situación no es de su agrado. Cuando el investigador proporciona la bandeja a A, lo que normalmente ocurre es que B tira de la cuerda y le roba la comida. A se enfada y acciona el mecanismo que deja caer la recompensa al suelo. Por el contrario, cuando desde el inicio, el investigador proporciona la bandeja a B, A se controla y no suele accionarlo. La conclusión es que el sujeto A parece entender la diferencia entre el hurto y una situación justa.

Según el autor, los dos pilares de la moral: reciprocidad y justicia, por un lado y empatía y compasión por el otro, están presentes en el comportamiento social de los simios. El sentido de la justicia posee un componente biológico, que comenzó a desarrollarse hace cientos de millones de años.

Teoría de la disonancia cognitiva

De vez en cuando, alguna secta pronostica el fin del mundo en alguna fecha concreta. Éste fue el caso de una secta sueca que en los años 50 pronosticó que el fin del mundo llegaría en Navidad. El investigador Leon Festinger se interesó por saber qué pasaría con las creencias de esta secta cuando, al llegar Navidad, no pasara nada y tuvieran que admitir que su creencia era falsa y estaban equivocados. Al día siguiente de Navidad, la explicación que recibió fue "Es verdad que el mundo iba a desaparecer, pero como nosotros hemos visto y aceptado esta verdad, hemos creído firmemente en ella. Por ello, nuestra fe ha evitado que el fin del mundo aconteciera". Lo que está claro es que al día siguiente de Navidad, los miembros de esta secta sabían dos cosas: primero, que habían creído en el fin del mundo; y segundo, que no había ocurrido. Por lo tanto, tenían dos pensamientos, es decir, dos cogniciones, que se contradecían entre sí. A raíz de la explicación que Festinger le dio a este suceso, surgió la teoría de la disonancia cognitiva.
El hecho de tener conciencia de que estamos afirmando a la vez cosas contradictorias nos produce malestar, tensión e incomodidad psicológica, es decir, una disonancia cognitiva.

Para solucionarlo buscamos una salida, una justificación que nos permita recuperar la coherencia cognitiva, tal y como hizo esta secta en la explicación que dio. Cuanto mayor es la intensidad de esta disonancia, más energía invertiremos para eliminarla. Por ejemplo, si el tema nos importa poco, podríamos simplemente dejar de lado una de las dos y aceptar la otra, pero si nos importa mucho, podríamos dejar de lado nuestras tareas habituales para ir a buscar información activamente. La estrategia más habitual consiste en modificar uno de los elementos contradictorios, el que resulte más fácil, para eliminar la disonancia o que nos afecte menos. También, como es el caso de la secta, puede crearse un motivo que dé sentido a los dos a la vez. En conclusión, la actitud puede modificarse por factores internos, además de por los factores externos que muestra la teoría de la comunicación persuasiva.

Profundizando en este tema, Festinger realizó un experimento similar al siguiente:
Pretendemos hacer un debate sobre la intervención de la policía en las manifestaciones. Para ello, escogemos a diez estudiantes universitarios que están en contra de la policía y los separamos en dos grupos de cinco. Uno de los dos grupos deberá hablar en contra y el otro defender la posición de la policía, a pesar de que realmente están en contra de ésta. Dentro del grupo que la defiende, por separado, a unos les diremos que a cambio de hablar a favor les vamos a pagar una gran cantidad (por ejemplo, 200 euros), y a los otros, que no disponemos de mucho dinero y que sólo les podemos recompensar con una pequeña cantidad (por ejemplo, 20 euros). Lo relevante aquí no es el dinero que recibirán, sino el hecho de que a unos se les da una recompensa importante y a otros no. El debate se realiza y obtenemos unos curiosos resultados. Del grupo que ha hablado a favor, las personas que han recibido la menor recompensa por defender una postura contraria a la suya, se han visto fuertemente influenciadas y han cambiado su actitud hacia la policía. En este grupo, tanto para los bien pagados como para los que no, se ha producido una disonancia cognitiva. Por un lado, saben que están en contra de la policía, pero por otro han recurrido a todos los argumentos que han podido para defenderla, manteniendo dos cogniciones contradictorias.

Sin embargo, los que han recibido una buena recompensa se libran fácilmente de la disonancia. Lo atribuyen a una presión externa, el dinero que han cobrado a cambio, y recuperan su coherencia cognitiva. Pero los que apenas han cobrado a cambio no pueden recurrir a esa justificación. Tampoco pueden atribuirlo a una presión externa porque saben que lo han hecho porque han querido. Por ello, la única solución que les queda es acercar las dos posturas y asimilarlas, adoptando una actitud menos negativa hacia la policía.

En conclusión, disponemos de otra manera de influir en la opinión de la gente y modificar su actitud. Tan sólo tenemos que hacer que defiendan o hagan algo que vaya en contra de sus creencias, pero de tal manera que no se sientan fuertemente presionadas para hacerlo, es decir, que tengan la impresión de estar haciéndolo libremente. Esto quizá no suene tan peligroso si no se tiene en cuenta las llamadas sumisiones ínfimas de la vida cotidiana.
Entendemos por sumisión ínfima cualquier situación en la que decimos o hacemos cosas con las que no estamos del todo de acuerdo, para evitar sanciones o conseguir beneficios.
Mientras aceptemos estas pequeñas sumisiones "libremente", nuestras creencias irán cambiando en la dirección marcada por la presión social. Esto constituye el mecanismo más eficaz de reproducción y mantenimiento del orden social establecido.

Ya sabes: "Actúa como piensas o pensarás como actúas".

Autora: Lorena Balderas. Psicóloga y Criminóloga.

Twitter: @lorenabalderasS

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