martes, 22 de diciembre de 2015

Amites Sagunto, Taller de Risoterapia.

Está demostrado que la risa produce beneficios fisicós, mentales y emocionales. 
Freud atribuyó a la risa el poder de liberar al organismo de energía negativa. 

Se ha demostrado científicamente que el córtex cerebral, un segundo después de comenzar a reír libera impulsos eléctricos, expulsando de nuestro organismo la energía negativa.

La risa está localizada en la zona prefrontal de la corteza cerebral, donde tambien reside la creatividad y la capacidad para pensar e imaginar futuros posibles. 

A medida que vamos creciendo, ganamos en madurez, y también perdemos la espontaneidad de dejarnos llevar por la risa, o hasta incluso de ver el lado positivo y cómico de las cosas. De ahí que haya veces que convenga recordar cómo reír. 

Existen terapias para ello, destacando la Risoterapia y es por ello que el pasado 17 de Dieiembre, en Amites Sagunto se celebró una sesión de risoterapia para recordar los efectos saludables de la risa.

Los asistentes pudiieron cultivar su salud emocional mejorando su equilibrio psicológico y aumentando sus defensas. 

La mejor evidencia, las imágenes. 



viernes, 4 de diciembre de 2015

Cómo ayudar a una persona deprimida

Pedro tiene 60 años y su mujer, 58. Ella padece una depresión desde hace varias décadas. Fundamentalmente ha seguido un tratamiento farmacológico, pues siempre se ha negado a un tratamiento psicoterapéutico. Pedro se siente agotado por esta situación:

“Cuando llego a casa y encuentro a mi mujer deprimida, en la cama, se me cae el mundo encima. No sé cómo comportarme con ella: si le animo para que salga de casa dice que no le comprendo, pero si le dejo hacer lo que quiere, cada vez se hunde más en su tristeza... Temo que voy a terminar como ella”.

Pedro es uno de esos miles de familiares que conviven con un enfermo de depresión y que se sienten desorientados porque no saben cómo ayudar a una persona deprimida. Son los personajes secundarios del drama de esta enfermedad, que a veces pasan inadvertidos e ignorados incluso para los profesionales (psicólogos y psiquiatras). Son también una minoría que precisan de nuestra atención.

Cuando alguien está deprimido, provoca que su estructura familiar se tiña de tristeza y melancolía, y que los más allegados se sientan confusos ante esa nueva experiencia. Es difícil comprender, como es el caso de Pedro, que una familia tenga de todo: salud, buena posición económica, unos hijos encantadores y, sin embargo, aparezca el fantasma de la depresión, pues la enfermedad depresiva no se explica con razones, ya que es una alteración del mundo emocional, y por eso la única aproximación válida a las personas deprimidas es la comprensión y el afecto.

La depresión crónica puede crear una gran tensión en los allegados y, consecuentemente, producir hostilidad, irritabilidad y, en el peor de los casos, culpabilidad. Existen numerosas familias que, como el protagonista de nuestra historia, Pedro, necesitan de un alto grado de paciencia, tacto y generosidad para crear un clima acogedor para que el enfermo no se hunda en su propia tristeza.

como ayudar a una persona deprimidaPor eso, mantener el equilibrio entre las demandas de la persona deprimida y las propias necesidades de los familiares es difícil, pero imprescindible para no sentirse arrastrado por el torbellino de la depresión. Es preciso, pues, mantener una “distancia amorosa” con el enfermo. No podemos caer en la trampa de los juicios negativos del familiar deprimido (referido a sí mismo, al futuro y al mundo circundante), sino relativizar esos comportamientos, y contemplarlos como fruto de la propia enfermedad.

La familia puede ser el motor que posibilite la recuperación de la persona que padece una depresión. Para conseguir esto, la familia debería actuar en cuatro dimensiones: detectando los síntomas, conteniendo la angustia, acompañando al paciente deprimido y favoreciendo la adherencia al tratamiento.

# 1.- Detectando los síntomas de la depresión

Así como una enfermedad física se puede diagnosticar por sus síntomas: dolor, fiebre, malestar general, mareos, etc., la enfermedad depresiva también se puede detectar a través de síntomas y comportamientos más o menos encubiertos. Cuanto más atentos estemos a la conducta de nuestros allegados, antes podremos observar si existe algún indicio de depresión y de esta forma posibilitar un tratamiento inmediato.

En general, se puede decir que la depresión se manifiesta por síntomas fisiológicos y psíquicos, mantenidos al menos durante un mes (insomnio, falta de apetito, pérdida de la atención y concentración, etc.), pero sobre todo por alteración de la esfera afectiva. Son ‘señales de humo’ (síntomas) que nos indican que hay ‘fuego’ (depresión).

Los familiares pueden servirse de las tres preguntas del test que se emplea para saber si una persona está deprimida. Es decir, si la respuesta a las tres preguntas es afirmativa, podremos al menos sospechar de la posibilidad de una enfermedad depresiva y consultar a un profesional de la psicología. Las tres preguntas en cuestión son las siguientes:

→  Durante el pasado mes, ¿has sufrido con mucha frecuencia la sensación de estar triste o desesperado?

→  Durante el pasado mes, ¿has sufrido, de manera continua, pérdida de interés o del placer que le provocaba realizar ciertas actividades?

→  Durante el pasado mes, ¿has pensado o has sentido deseos de dejar de vivir?

Es evidente que todos los miembros del sistema familiar deben estar atentos a los cambios que se pueden producir en alguno de sus miembros, pues de alguna manera todos se pueden beneficiar del bienestar del resto. Lo que no es aceptable es negar la evidencia (graves síntomas de tristeza, ideas de muerte, falta de conexión con las situaciones y actividades que antes producían placer, etc.) No porque se niegue el problema se soluciona. Para ilustrar esta idea podemos recordar la fábula de la zorra y las uvas de Esopo.

Moraleja: no podemos descalificar ni negar todo aquello que no podemos conseguir. Negando la realidad (las uvas eran grandes y jugosas), no con ello saciamos nuestra necesidad. De la misma manera, negando que nuestro familiar tiene comportamientos anómalos (tristeza, falta de concentración, apatía, etc.), no por ello va a estar bien.

# 2.- Conteniendo la angustia del deprimido

El Diccionario de la Real Academia Española define la contención como “acción de contener; siendo contener reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo, y, de forma figurada, reprimir o moderar una pasión”.

En el encuadre terapéutico, la contención “es el proceso mediante el cual podemos percibir la ansiedad (propia y ajena), notar que remueve en nosotros viejos conflictos, pero no pasar directamente a la acción".

Es decir, en nuestro caso, las familias contienen en tanto en cuanto evitan que las personas deprimidas se descompensen y que ellas mismas no se desborden al convivir con un familiar deprimido. Por eso podemos afirmar que la contención tiene un doble objetivo: respecto al enfermo identificado y respecto al resto de la familia.

Contener es algo más que ser un mero receptáculo del sufrimiento del otro. No es solamente ‘tragarse’ el conflicto del familiar con depresión. Es lo que hacemos cuando, desde una “posición de sanos”, criticamos las conductas, damos consejos o soluciones enlatadas. Algo así como 'vender un producto' sin ninguna connotación emocional o afectiva. 

En muchas ocasiones, lo que esconde esta actitud es nuestra propia fragilidad y falta de empatía para comprender el sentimiento del familiar deprimido. Por eso, una adecuada contención parte del propio conocimiento de nuestro familiar (de sus posibilidades y sus límites) y de darle la oportunidad para que explique de manera tranquila, clara y sin meterle prisa toda la dimensión del problema, permitiéndole la expresión de sus sentimientos más negativos, aunque esto nos produzca angustia.

Por nuestra parte, evitaremos responderle con los tópicos como “esto se pasará muy pronto”, “debes poner de tu parte” o “sal y distráete”, de uso tan frecuente.

Es recomendable que, durante el episodio depresivo, el enfermo evite tomar decisiones importantes (separarse, cambiar de trabajo, etc.), dado que la posibilidad de equivocarse es muy grande. En esas circunstancias, la persona deprimida, inmersa en su sentimiento de tristeza, no está en la mejor posición para elegir la alternativa más adecuada.

Y, en todo caso, dependiendo de la gravedad de la situación, le aconsejaremos consultar con un profesional de la salud mental (psicólogo o psiquiatra).
como ayudar a una persona deprimida

# 3.- Acompañando al enfermo deprimido

¿Cuál es la esencia de nuestra sociedad: el individuo o el grupo? Desde la posición de la psicología clásica se puede afirmar que el individuo sería el sujeto fundamental. No obstante, siguiendo a Bion, habría que primar al grupo sobre el individuo. Es decir, el grupo es el que moldea a la persona y la configura. Todos pertenecemos a una estructura grupal (familiar, laboral, social, etc.) Solamente se puede vivir en relación a un grupo, aceptándolo o rechazándolo, dependiendo de él o intentando independizarse del mismo, o bien esperando mágicamente que nos solucione todos nuestros problemas. Pero siempre el grupo será el que nos defina. Lo primero es el grupo, y este es el que da sentido y significado al individuo. El grupo no es solamente la suma de personas, sino que éstas además son configuradas por el grupo.

Uno es alguien (individuo distinto del que se sienta a nuestro lado) en tanto en cuanto pertenece a una familia concreta, a un barrio definido o a un grupo de amigos con características propias. Es más, somos así o de otra manera porque hemos vivido y nos hemos desarrollado en un grupo específico. El grupo, pues, constituye y da sentido al individuo, no a la inversa.

En nuestra cultura, la familia es el grupo por antonomasia que nos configura y nos estructura. Somos lo que es nuestra familia. De ahí su importancia y también su poder para la solución satisfactoria de cualquier adversidad de sus miembros. Por eso, ante la enfermedad depresiva, una familia cohesionada y respetuosa con el otro será un buen puntal para que la persona deprimida supere esa situación crítica. Sus miembros deben estar próximos, pero sin ahogar al otro; lejanos, pero sin olvidar al resto de la familia. Esto me recuerda la fábula del puerco espín.

La moraleja de esta historia es simple: la mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades. Las familias que mejor funcionan son aquellas que saben mantener una equidistancia de los demás: ni demasiado cerca (para no pincharse) ni demasiado lejos (para poder darse calor unos con otros). Fue lo que hicieron los puercoespines, y por eso sobrevivieron.

Características del buen acompañamiento al familiar deprimido

Acompañar en el proceso depresivo, de alguna manera, es compartir el sufrimiento del sinsentido de esa situación. También aquí, como los puercoespines, debemos estar cerca para dar calor y apoyo a la persona deprimida, pero lo suficientemente lejos para que no nos ‘pinchemos’ y nos contagiemos de la angustia del otro. He aquí las características más significativas:

a) Crear un clima de confianza y seguridad. En muchas ocasiones, la persona que padece una depresión se siente incomprendida por los que le rodean. Piensa que el resto de la familia cree que es una manipuladora, o que exagera, o que pretende ser el centro de atención, etc. Y aunque la persona deprimida puntualmente pueda disfrutar de algunas ‘alegrías’ (la caricia de un nieto, una buena comida, etc.), eso no es óbice para seguir pensando que padece una enfermedad.

Una actitud sana ante el familiar deprimido es reforzar sus logros (levantase a una hora prudente, hacer las tareas domésticas, etc.) y también procurar objetivar la dimensión real de los problemas cotidianos. La persona deprimida tiende a vivir tan intensamente las contrariedades diarias (llegar tarde a una consulta, olvidarse de preparar la comida, etc.) que son una fuente de sufrimiento intenso.

También se debe permitir la exteriorización de los sentimientos, aunque sean muy negativos: muerte, suicidio, desesperación, aburrimiento, etc. El hecho mismo de poner palabra a esas vivencias ya es terapéutico.

b) Informar. Los familiares deben estar dispuestos a pedir información a los profesionales de la salud mental sobre el proceso depresivo, y estos deben ser solícitos a proporcionarla. De esta forma evitaremos que los mitos sobre la depresión dirijan el comportamiento familiar. 

También los familiares deberían informar a los profesionales de la salud mental de la evolución del familiar deprimido y las dificultades y posibilidades que contemplan para su total recuperación.

c) Metas realistas y cambios graduales. La recuperación de una enfermedad depresiva es un proceso y la curación no se produce de la mañana a la noche, sino que su evolución generalmente es en dientes de sierra: se van sucediendo días buenos, días menos buenos y días malos, hasta que se consigue “ese equilibrio inestable” que es la salud mental. Por tanto, los cambios son graduales, o, como decía mi viejo maestro de escuela, Don Fulgencio: “Así como una escalera no la podemos subir de una vez, sino escalón a escalón, también la vida tiene sus avances y retrocesos”.

Será preciso, pues, que nos planteemos metas realistas y no metas ambiciosas que no podamos cumplir. Así, a una persona que se levanta todos los días a las tres de la tarde no es muy realista proponerle que se levante al día siguiente a las nueve de la mañana (objetivo que no se cumplirá), sino que más bien habrá de ir reduciendo paulatinamente las horas de sueño.

# 4.- Favoreciendo la adherencia al tratamiento contra la depresión

Es la cuarta dimensión en que la familia puede ayudar a una persona deprimida. Pero, en primer lugar, debemos distinguir entre “cumplimiento” y “adherencia al tratamiento”. Lo primero hace referencia a la necesidad de realizar el tratamiento (sobre todo el farmacológico) según las estrictas indicaciones del médico. Aquí el enfermo es solamente un sujeto pasivo y un ejecutor de las prescripciones médicas, y la familia se convierte en la responsable de que el tratamiento se lleve a efecto. Sin embargo, la “adherencia” es algo más: implica no solo cumplir el tratamiento prescrito, sino también un cambio en el estilo de vida, si fuera preciso (incluso pudiera implicar un cambio en las relaciones sociales y familiares).

De esta forma, el enfermo es un agente activo de su proceso curativo y el sistema familiar se convierte en un facilitador de la curación. Es, pues, en este proceso dinámico donde la familia puede ayudar con su aliento, pero sobre todo con una actitud comprensiva de la enfermedad y de la respuesta al familiar deprimido.

Como bien indica la organización Mundial de la Salud (OMS), “la adherencia al tratamiento es el grado en que el comportamiento de una persona (tomar el medicamento, seguir un régimen alimentario y ejecutar cambios en el modo de vida) se corresponde con las recomendaciones de un prestador de la asistencia sanitaria”.

Así pues, la adherencia al tratamiento no solamente se refiere a las indicaciones médicas, sino también a las recomendaciones dadas por los profesionales de la salud en general.

# 5.- Depresión y adherencia al tratamiento

Según varios estudios, las personas que padecen una depresión tienen una baja adherencia al tratamiento, sobre todo al farmacológico. Y esto se incrementa si la persona de no tiene ningún vínculo familiar ni social o bien carece de algún apoyo emocional.

En un informe de la OMS se señala que “los datos sobre pacientes con depresión revelan que entre un 40 y un 70% se adhieren a los tratamientos antidepresivos”.

Hay que tener en cuenta que la enfermedad depresiva tiene tasas de recaídas y recurrencias muy altas. “Tras un primer episodio hay más de un 40% de recurrencia en un período de dos años. Tras dos episodios, el riesgo de recurrencia, en cinco años, es del 75 %. Además, el entre un 10 y un 30% de los pacientes tratados no tendrá una recuperación completa, persistiendo sintomatología o desarrollando una distimia (una forma leve, aunque crónica, de depresión)”.

Por todo esto podemos señalar, entre los riesgos de la no adherencia al tratamiento, las siguientes consecuencias: recaídas y recurrencias más frecuentes e intensas, mayor riesgo de suicidio y, consecuentemente, mayor discapacidad y sufrimiento del paciente deprimido y de la familia. En el caso de que no se tomara correctamente el tratamiento farmacológico (mayor o menor dosis de la prescrita, etc.) puede producir desde toxicidad a un menor resultado del tratamiento.

El documento de la OMS antes citado señala cinco dimensiones que favorecen la adherencia terapéutica: el equipo de salud, el tipo de enfermedad, la personalidad del paciente, el tratamiento prescrito y la situación socioeconómica y familiar.

Considero que, en el caso de la enfermedad depresiva, tres son los pilares fundamentales para favorecer una buena adherencia terapéutica: la actitud de los profesionales de la salud mental (psiquiatra, psicólogo, etc.), la personalidad del paciente deprimido y la actitud de la familia.

Cuanto mejor se establezca la alianza terapéutica (proximidad del profesional, clarificación de sus indicaciones, actitud comprensiva y explicativa del proceso depresivo, etc.), mayor posibilidad habrá de una buena adherencia al tratamiento.

En cuanto a la personalidad del enfermo, es evidente que las personalidades narcisistas (lo saben todo) o antisociales (están en contra de todo), por poner solo dos ejemplos, son las menos proclives a adherirse al tratamiento. Analizamos a continuación el tercer pilar: la actitud de la familia.

# 6.- Adherencia al tratamiento y familia de la persona deprimida

Respecto a la función del grupo familiar en este proceso de adherencia al tratamiento, es necesario, sobre todo, que la familia acepte a la persona deprimida, asumiendo que padece una enfermedad y que, por tanto, no está así porque quiere o porque no tiene voluntad para afrontar los conflictos diarios.

Además, hay que insistir en la necesidad de clarificar las creencias e ideas erróneas que el paciente puede sentir sobre la enfermedad depresiva (recordemos los mitos antes señalados), y por eso hay que ofrecer una información cualificada, veraz y adaptada a la propia familia para que esta pueda comprender lo que significa la enfermedad depresiva.

Asimismo, la familia tendrá que conocer e informar sobre los efectos secundarios de los fármacos y también de la importancia de un tratamiento psicoterapéutico.

No siempre la familia puede ayudar a una persona deprimida de forma adecuada. En muchas ocasiones, la atención a un enfermo crónico termina por agotar sobre todo al cuidador principal. Como me decía en una ocasión el esposo de una mujer con esclerosis en placas: “Mi situación es similar a abrazar un puercoespín y no querer pincharme”. Es decir, había llegado a una sobresaturación de angustia que cualquier acción, por pequeña que fuera, le producía sufrimiento.

Es lo que algunos autores han llamado la claudicación familiar, que se define como “la incapacidad de los familiares para ofrecer una respuesta adecuada a las múltiples demandas y necesidades del enfermo. Esta se refleja en la dificultad de mantener una comunicación positiva con el enfermo entre los miembros sanos y con el equipo de cuidados”. La crisis de claudicación familiar se da cuando los miembros de la familia, en su conjunto, son incapaces de dar una respuesta conveniente; puede ser un episodio momentáneo, temporal o definitivo.

Cuando la enfermedad depresiva se cronifica, también existe el peligro de que la familia claudique ante esa situación: sus miembros se muestran más intolerantes con el familiar deprimido, se irritan con mayor facilidad y existe el riesgo de que ellos mismos sufran una depresión. Incluso, en algún momento de mucho sufrimiento y desgaste, pueden sentir como una liberación la posible muerte del enfermo crónico.

En principio es preciso afirmar que, desde la psicología, es comprensible cierto malestar y cansancio ante la depresión crónica, y que se sienta el impulso de "tirar la toalla" y salir corriendo o, lo que es lo mismo, abandonar al familiar deprimido a su suerte. Ese sentimiento no es patológico; es anormal si lo llevamos a la práctica, recriminando al paciente su actitud, agrediéndole verbalmente por su pasividad, etc. Por tanto, podemos concluir diciendo que el sentir repulsa ante la persona deprimida no es patológico; lo irracional es cuando esa vivencia se refleja en conductas de abandono o de chantaje que pueden herir al otro.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología


domingo, 22 de noviembre de 2015

¿ES EL AMOR UN ARTE? (2ª PARTE)

¿Recordáis la primera parte de este artículo dedicado al libro de Eric Fromm “El arte de amar”, que publicamos en este mismo blog anteriormente? Allí comentábamos que considerando el ejercicio del amor como un arte, íbamos a necesitar conocer algo de su teoría y práctica. Personalmente decidí empezar con la práctica, más bien por una serie de requisitos que según el autor eran imprescindibles a la hora de poner en práctica cualquier arte, fuese el que fuese. Recordemos… eran la práctica de la disciplina, la concentración y la paciencia . ¿Os habéis puesto en marcha? Yo estoy en ello. Vamos ahora a ver que nos dice el autor sobre la teoría del amor. 
Voy a centrarme solamente en una parte, la que se refiere a los cuatro elementos comunes a todas las formas de amor. Son muchas las reflexiones y consideraciones de Fromm sobre el amor, los objetos amorosos, el amor simbiótico versus el amor maduro… en fin, una vez más os invito a leerlo y a disfrutar de su lenguaje claro y directo. Vale la pena, os lo aseguro.

Retomando los cuatro elementos que os he mencionado, el primero de ellos sería el del CUIDADO. Si nos adentramos en los orígenes del significado de esta palabra, encontramos que proviene del latín “cogitatus” que significa: 
-reflexión, pensamiento, interés reflexivo que uno pone en algo, y
-llevar adelante, hacer avanzar, mover, tratar, actuar.

Según esto y en palabras de Fromm cuidar sería “preocuparse activamente por la vida y el crecimiento de lo que amamos”, tanto si amamos a una planta, a una persona, a un animal…cuando sentimos amor hacia alguien o hacia algo, se nota por el cuidado con el que tratamos a eso que amamos.
“Si una mujer nos dijera que ama a las flores y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su amor a las flores”. 

Primera pregunta que nos podemos hacer a modo de reflexión:
¿Estoy cuidando aquello que amo?

El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: la RESPONSABILIDAD. Esta palabra que nos conecta con el sentido del deber y la obligación es, sin embargo, en su verdadero sentido un acto enteramente libre y voluntario. Ser responsable significa “estar listo y dispuesto a responder”. En palabras del autor “la persona que ama responde. La vida de su hermano no es sólo asunto de su hermano, sino propio”. Si lo aplicamos al amor entre adultos, ser responsable implica que estoy atent@ sobre todo a las necesidades psíquicas de la otra persona.

Segunda pregunta para la reflexión:
¿Estoy siendo responsable con aquello que amo?

Sin embargo, ante tal sentido de la responsabilidad corremos el riesgo de convertirnos en seres dominantes y posesivos. ¿Cómo evitar esto? Pues, siguiendo a Fromm, teniendo en cuenta el RESPETO. La palabra respeto proviene del “respicere” que quiere decir mirar de nuevo, y ¿qué quiere decir aquí mirar? pues quiere decir “la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única”. Si decimos que amamos a alguien podemos decir que nos sentimos un@ con él o con ella, pero ¡cuidado!, con él o con ella tal y como es esa persona y no tal y como yo quiero que sea.
El respeto se da cuando somos libres e independientes, cuando podemos caminar por la vida sin dominar a nadie y sin ser dominad@s por nadie. Respetamos porque ante todo reconocemos la libertad de cada un@ de ser como es.

Tercera pregunta para la reflexión:
¿Estoy respetando aquello que amo?

Y también, para respetar a una persona es preciso conocerla. Aquí llegamos al cuarto elemento básico común a toda forma de amor: el CONOCIMIENTO. Sabemos que hay muchos niveles de conocimiento, lo importante es saber que el que constituye un aspecto del amor, es un conocimiento que va más allá del conocimiento superficial. Cuando se da el amor, nos abrimos al conocimiento puramente vivencial. Es a través del acto de amar que nos entregamos al descubrimiento del otro así como a nuestro propio descubrimiento. Según Fromm la única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar, ya que es un acto que trasciende el pensamiento y las palabras. Algunos lo han llamado el conocimiento silencioso.

Quiero deciros que Fromm no desprecia el conocimiento que procede del pensamiento, muy al contrario afirma que el conocimiento de tipo psicológico es una condición necesaria para alcanzar el pleno conocimiento en el acto de amar, en palabras suyas “tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad o, más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella”
Pero aun así, el autor mantiene que la experiencia de la unión –ya sea con otro ser humano o con lo divino- lleva al pensamiento al radical reconocimiento de sus propias limitaciones, afirmando que al conocimiento verdadero se llega a través de la experiencia viva del amor.

Cuarta pregunta para la reflexión:
¿Estoy conociendo aquello que amo?

Hasta aquí un pequeño extracto de la parte teórica del arte de amar. En ella hemos visto que según Fromm hay cuatro elementos básicos presentes en cualquier fórmula amorosa: el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. Estos cuatro componentes van a estar presentes en cualquier cóctel de amor a modo de indicadores del nivel de madurez del mismo. 

Pero… antes de preparar la pócima de amor y dársela a tomar a alguien…

Quinta y última pregunta para la reflexión:
¿Me cuido, me responsabilizo de mí, me respeto y me conozco?
Si la respuesta es sí, todo perfecto.
Si la respuesta es no, tranquil@, también todo perfecto, pues resulta que en muchas ocasiones… cuidando aprendo a cuidarme, tomando responsabilidades aprendo a responsabilizarme de mí, respetando aprendo a respetarme y conociendo aprendo a conocerme a mí… así que ¡Enhorabuena! Estás en condiciones de convertirte en artista del amor a partir de ¡ya!

"El amor es un acto de fe"
"La práctica de la fe y el valor comienza con los pequeños detalles de la vida diaria"


Autora: Remeis Jiménez. Filósofa y Terapeuta Gestalt Integrativa, Colaboradora del T.E. de Valencia.
http://elblogdelacasadelapaz.blogspot.com.es/2015/11/es-el-amor-un-arte-2-parte.html

Fuente: El arte de amar. Erich Fromm. Editorial Paidós, 2007

domingo, 8 de noviembre de 2015

¿Que hemos hecho los Padres?

El País, abril 2015:
Un alumno de 13 años mata con una ballesta y un machete a un profesor.

Fue la edad, los 13 años del niño, la que me recordó lo que sigue. Lo escribí hace ya 17 años, pero que creo que puede seguir siendo útil para los padres de hoy. Sólo he añadido 4 palabras (que encuadro).

¿Qué hemos hecho?
Jaime Fúster Pérez,
Psicólogo

Esta es la pregunta que se hacía uno de los colaboradores de una conocida tertulia radiofónica, cuando al hablar de la Ley Penal del Menor en 1998, se sorprendía de que se viese como posiblemente penal la infantil edad de los trece años.

 ¿Qué hemos hecho los padres?

Sencillamente hemos abdicado.

Hemos abdicado de padres y pretendido ser amigos, sin pensar que los amigos se eligen y los padres se precisan.

Hemos abdicado de fijar los límites de acción de nuestros hijos a su propia voluntad del momento.

Hemos abdicado de enseñarles cómo es la vida para mostrarles solo postales de color rosa.

Hemos abdicado de mostrarles como es la sociedad con que se van a encontrar, para engañarles con una total tolerancia e incluso lo que es peor, sumisión a todos sus deseos.

Hemos abdicado de estimularles al esfuerzo, dándoles la merienda antes de que la pidieran, llevándoles la mochila del cole sin que se hagan conscientes del peso innecesario que le van metiendo.

Hemos abdicado de que aprendan a compartir y nos hemos sacado el caramelo de la boca para que ellos lo chuparan, cuando sólo había uno.

Hemos abdicado de mandar cuando se precisa, haciéndoles pensar que así sería en su futuro.

Hemos abdicado de permitirles que vivieran alguna frustración, apoyándonos en una teoría que estuvo en vigor en los EEUU hace veinte años y ya está absolutamente desprestigiada y obsoleta, sin caer en la cuenta de que en la vida vivimos tantas frustraciones que aprender a soportarlas o a resolverlas es imprescindible. Y que nosotros podemos enseñárselo progresivamente.

Hemos abdicado en el Colegio para que allí tomen la responsabilidad de su educación sin pensar que es algo permanente, constante y que precisa la colaboración máxima de todos cuantos en ella intervienen.  Incluso de forma sistemática les hemos dado la razón cuando nos han dicho: “El profe me tiene manía” y les hemos defendido, de forma en ocasiones agresiva frente a los profesores, sin querer pensar en que normalmente los profesores no tienen manía y normalmente también, los niños hacen normales trastadas..

Hemos abdicado en la Tele, Ordenador y Juegos Virtuales, para que les entretengan y tener así nosotros más libertad, más tiempo, sin pensar o lo que es peor sin dar importancia a lo que allí ven: Series que no por ser de dibujos dejan de ser terriblemente agresivas, películas con personajes amorales que presentados como atractivos y simpáticos van a ser modelos para nuestros hijos, olvidando que los niños aprenden por observación.

Si tienen un mínimo de paciencia hagan este análisis, vean en un día cuantas proyecciones hay en las que no salgan asesinatos, odios, violaciones, robos. Se asombrarán. Y eso no es la vida pero de eso se aprende y se pasa a considerar normal.

Hemos abdicado de... hemos abdicado en... nuestra lista podría seguir larga, larga...Quizás podamos reflexionar. Quizás aún nuestra abdicación no sea definitiva y podamos volver a ser padres.

Realmente nuestro tertuliano se seguirá preguntando:
“¿Que hemos hecho?”

Valencia 1998-2015

jaimefp@gmail.com

sábado, 31 de octubre de 2015

El Dolor en la Mujer, por Nieves Guerrero del Telefono de la Esperanza de Valencia

El  pasado 19 de Octubre se celebró con motivo del Día Mundial contra el Dolor, en el Salón de Actos del Ateneo Mercantil De Valencia, la V Jornada Comunidad Valenciana organizada por Fundolor (Fundación de la Comunidad valenciana para el estudio y tratamiento del dolor). Dado el número de llamadas recibidas en el Teléfono de personas aquejadas de dolor, en mayor y menor grado, y de las consecuencias que tiene en tantos aspectos, laboral, social, emocional etc…. Cuanto más conozcamos sobre el tema, mejores y más eficaces herramientas para orientar, ayudar, escuchar, empatizar tendremos.

En este año la Jornada estaba dedicada al dolor en la mujer y los objetivos divulgar y sensibilizar sobre la realidad del dolor crónico en la mujer con la finalidad de mejorar su identificación y facilitar su tratamiento. Mejorar el día a día de las mujeres con dolor.

Para ello se formó una mesa de debate formada por cuatro ponentes para dar una versión global del tema.

El primer turno de palabra fue para el Profesor Javier Milara Payá. Investigador. Instituto de Salud Carlos III, Madrid.

La ponencia puso de relieve que es la mujer la que acude con mayor frecuencia a las Unidades del dolor, la que padece en con mucha mayor frecuencia enfermedades como la fibromialgia. El umbral de dolor de la mujer es más alto, es decir soporta mejor el dolor, aunque éste es subjetivo y por tanto su medición también. Estudios recientes demuestran que hay una predisposición genética en la mujer para sufrir dolor. Aunque, evidentemente, influyen otro tipo de factores, sociales, medioambientales, culturales etc.

La segunda ponencia corrió a cargo del Profesor José Soriano Pastor. Profesor Titular en la Facultad de psicología Universidad de valencia. Se llamó La importancia de ser mujer en el dolor.
En este apartado, el profesor quiso separar la diferencia entre sexo y genero, el uso de diversas escalas utilizadas para poder medir estas dimensiones y como las caracteristicas de la persona influian en la valoración del problema (amenza-desafio) y en el afrontamieto del problema (problema-emoción), determinando el bienestar psicológico, el equilibrio entre salud y enfermedad y el funcionamiento social.

Nos hablo del modelo de las 5 grnades dimensiones de la personalidad normal: Neuroticismo, Extraversión, Apertura, amabilidad y Responsabilidad; su parte genetica y ambiental, y como la ponderación de algunas frente a otras determina una mayor o menos estabilidad emocional frente al dolor, así como la capacidad de gestionarlo mejor o peor.

Luego nos presento resultados que evidenciaban en que puntos no habia diferencias entre hombres y mujeres y allí donde si los habia, aunque su conclusión fué que a peor nivel cultural, peor calida del sueño, peor afrontamiento hay menor resiliencia y peor calidad de vida.

La tercera ponencia de la tarde fue del Profesor José De Andrés. Jefe Sº Anestesia, Reanimación y Tratamiento del Dolor del Hospital General de Valencia. Su ponencia recibió el nombre de El tratamiento del dolor en la mujer.

Nos habló desde su experiencia como Doctor e Investigador sobre nuevas dolencias, nuevos descubrimientos tanto en las razones de esas dolencias como novedades en la aplicación de nuevas técnicas paliativas y mejoras en el campo farmacológico. El sobrepeso, que es un mal de nuestro tiempo, tanto por la ingesta de más calorías de las necesarias como por la vida sedentaria crea muchos problemas en la columna vertebral, rodillas y caderas. También el aumento de la esperanza de vida, que en la mujer es más alta que en los hombres, es una variable a considerar. En cuanto a nuevos tratamientos  nos habló de técnicas como las radiofrecuencias en columna y cervicales, el uso de la toxina botulínica (Botox) en el tratamiento del dolor neuropatico. La rehabilitación y nuevos y más eficaces fármacos.

El último turno, titulado "Trucos para mejorar el dolor en nuestro día a día", fue a cargo de nuestra compañera orientadora Nieves Guerrero, afectada desde hace más de once años de dolor crónico.
Nieves supo transmitirnos con una serenidad y sensibilidad tal, que dejó en silencio al auditorio durante los cerca de 15 minutos que duró su exposición. Fue un ejemplo vivo que evidenció y dio forma a las ponencias previas, dotandolas de un ejemplo de humanidad, superación y una lucha sin tregua por una calidad de vida y felicidad.
Dicen que una imagen vale mas que mil palabras, por lo que mejor os adjuntamos el video de su intervención:


Tras la intervención de Nieves se produjo un rotundo aplauso de los asistentes, el presentador reflexionó diciendo que el debate final con el que pensaban cerrar las ponencias carecia de sentido tras las palabras de nuestra compañera que habia sido capaz de aglutinar la relaidad de las diversas exposiciones teóricas previas.

Para finalizar el acto se hizo la entrega de premios anual, entre los cuales destaco el Premio al Espíritu de lucha que se concedió muy merecidamente a la presentadora de televisión Mayra Gómez  Kemp. Una persona que ha dado ejemplo de coraje y valentía enfrentándose dos veces al cáncer sin perder la sonrisa ni sus ganas de vivir.

Actos como este son de gran valor para pacientes y profesionales de la medicina y psicología al reunir mucha información, factores genéticos, visión psicológica, médica, nuevos avances en el campo de tratamientos tanto de cirugía, paliativos, farmacológicos, comprensión de las dolencias, medios preventivos …..  Sin olvidar el factor humano, la realidad de una mujer que cuenta su experiencia en primera persona, su manera de “convivir” con el dolor. Eso da esperanza a los afectados y “humaniza” a los profesionales, que muchas veces olvidan a quién van destinados tantas estadísticas, estudios y avances.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Explicaciones al Sufrimiento en Amites Sagunto

A veces el dolor es irremediable, pero el sufrimiento si se puede remediar, sobre todo el sufrimiento inutil e improductivo.

Este jueves 29 de octubre 2015 hora 6 de la tarde, en la Sede de Amites. Calle Camí Real, 69 de la ciudad de Sagunto tendra lugar una charla coloquio sobre las explicaciones al sufrimiento por nuestro colaborador y coordinador D. Antonio Gordillo, Médico cirujano.

Os adjuntamos el cartel del acto.


domingo, 25 de octubre de 2015

LA IMPORTANCIA DE VIVIR LOS DUELOS

Nacemos, morimos... y mientras tanto...estamos inmers@s en un mar de pérdidas de las que casi no nos damos cuenta, o de las que a veces nos cuesta remontar. Así es la vida... cuando menos lo esperamos nos despoja de lo que más queremos y a veces incluso, es después de la pérdida cuando tomamos conciencia de lo que mucho que queríamos a eso que hemos perdido.

La primera gran pérdida nos sucede paradójicamente al nacer.
Al nacer somos expulsad@s del útero materno. Perdemos ese estado de fusión total con mamá, esa paz que nos envuelve y nos protege del mundo externo. 

Siendo todavía muy niñ@s se nos desteta y perdemos ese derecho a disponer de la teta materna a nuestro antojo; perdemos esa forma de contacto que nos ha nutrido de leche y de caricias desde nuestro nacimiento.
Seguimos creciendo y perdemos dientes, perdemos la inocencia, perdemos los juegos, perdemos amigos y amigas tras los cambios de colegio. A medida que vamos haciéndonos adultos y adultas, vamos tomando conciencia de las cosas, seres, etapas que se quedaron atrás. Y a veces nos preguntamos “¿volverán las oscuras golondrinas?...” y sabemos que no, que volverán otras, pero aquellas mismas posiblemente no. Aquellas volaron muy lejos...

De esta manera el vivir y el morir, el eros y el tánatos se dan la mano para continuar un camino propio y personal, un camino que cada un@ de nosotr@s experimenta a su manera, a su ritmo, y de acuerdo a su propia y única sensibilidad.

Así pues, la muerte conforma ese sentimiento de que todo es finito: nuestras relaciones, nuestras pertenencias, nuestras ilusiones… Y siendo conscientes de que todo podría acabar mañana, el momento presente se torna más rico e intenso. Es más, el momento presente empieza a ser el único que existe...¿Alguna vez te has preguntado qué harías hoy si supieses que te vas a morir mañana? Te invito a que te lo preguntes desde la calma, con serenidad.

Cuando mencionamos pérdidas, dolor y duelos, nos viene a la mente la pérdida por muerte de algún ser querido; sin embargo, podemos hablar de diferentes tipos de pérdidas que igualmente producen un dolor y que, en ocasiones, ignoramos y no damos el valor que se merecen, pues toda pérdida implica un sentimiento, una reacción que nos hace pasar por un periodo que llamamos DUELO (o "la noche oscura del alma").

Es importante tener en cuenta que es muy difícil, que no se puede vivir el dolor en soledad. No estamos preparad@s para ello. La ayuda terapéutica va a ser fundamental en momentos de pérdidas e incluso en momentos de lo que llamamos “fracasos”. Hay dos tendencias frente a una situación de pérdida.
La primera tendencia es la de querer superar esa fase oscura lo antes posible. ¿Cómo? Pues creando mecanismos de defensa (tomando medicación, ingiriendo sustancias adictivas, enganchándonos a algo o a alguien, etc.); ocultándolo y auto-engañándonos; considerándonos víctimas.
La segunda tendencia es la búsqueda del significado. Una auténtica noche oscura es algo que nos destroza por dentro, que nos paraliza y bloquea, que nos deja completamente hundid@s pues sentimos que se nos ha arrebatado algo que era vital para nosotr@s. Esto es algo muy profundo, algo que altera la vida de una persona. Y es la vida quien te la pone, una persona no entra en una noche oscura por azar. Lo único que nos queda es mirarla –cuando podemos- y tomarla.

Pero pasa que a veces no se puede y entonces hay que ir entrando poco a poco, ir sumergiéndose en ella pero sin “abandonarse”, es decir, sabiendo que es una estación en el tren de nuestra vida. Que podemos parar y descansar el tiempo que haga falta, conscientes de que el tren sigue ahí, dispuesto a continuar "pa'lante", siempre hacia delante.

Cada pérdida, por pequeña que nos pueda parecer, conlleva un duelo. Y la intensidad de ese duelo va a depender delsignificado que la pérdida tiene para nosotr@s, del valor que le damos, de la carga afectiva y todo lo que se halla relacionado con esa pérdida. Es a esto a lo que llamamos conciencia del significado.

Es por esto que es importante vivir los duelos, dejar que la pena salga, que el dolor se airee... respirando y dejando que el aire entre en nuestros pulmones y salga arrastrándolo todo. Como un rastrillo que barre las hojas del árbol en otoño... 

Es importante darse el tiempo necesario para vivir los duelos.Hay tantos sentimientos y emociones en los procesos de despedida que si no les damos salida pueden generar problemas de salud a corto y largo plazo. Las emociones son como el agua, no pueden estancarse, necesitan correr, salir, buscar vías de escape. Y es por esto que un acompañamiento terapéutico nos va a ser de gran ayuda. 

Dentro de los duelos hay varias etapas en torno a las cuales se repiten siempre tres elementos: 
-la sensación de impotencia
-la frustración
-las expectativas trazadas (yo creía que…, desearía que hubiera sido de..., esperaba que...)

La doctora Elisabeth Kübler-Ross que dedicó gran parte de su vida al acompañamiento a personas que estaban a punto de morir, nos ha dejado muchos libros donde habla de estas etapas y del proceso del duelo. Os animo a leerla, es una maravilla sentir la chispa de la vida que transmite esta mujer precisamente a partir y a través de su relación con la muerte. 

El duelo es un viaje largo, con evolución fluctuante. Es posible que se haya superado una fase crítica y que más tarde, en otro momento vital, resurja en forma de nueva y pequeña crisis. Es importante por tanto tener en cuenta cuales son las barreras o dificultades que impiden realizar un buen duelo:

A. INHIBICIÓN DE LOS SÍNTOMAS (del llanto, del grito, del puñetazo). Vivimos en una sociedad que se ha ido alejando –sobre todo en las ciudades- de las antiguas formas de expresión del duelo público, cuando en la mayoría de las culturas, la expresión del dolor individual tiene su espacio en el ritual del duelo público. Parece que no está bien visto (en este mundo moderno occidental en el que vivimos) manifestar públicamente el dolor sentido, cuando hacerlo es de lo más sanador-consolador-reparador.

B. AFRONTAR EL DOLOR EN SOLEDAD. En la soledad se despiertan los temores, los pensamientos negativos: somos más vulnerables. Afrontar el dolor con un hombro sobre el que apoyarnos lo hace más llevadero.

C. LA FRUSTRACIÓN Y LA RABIA NO RESUELTA. Cuando se sustituye la pena, el dolor y el sufrimiento por rabia. 

D. EXPRESIÓN DEL DOLOR COMO MANERA DE SEGUIR UNID@ A LA PÉRDIDA. Hay que distinguir entre la expresión del dolor como liberación, o como manera de mantenerse unido/a –“enganchado/a”- a la pérdida.

E. LA CULPA. Sentirse culpable por lo que pasó. En lugar del "fue por mi culpa" pasamos al "asumo mi responsabilidad y la reparo” (cuando hemos cometido algún error de consecuencias fatales).

F. METERNOS EN EL CAPARAZÓN DEFENSIVO que tenemos y a partir de ahí no ver nada.

A grandes rasgos podemos decir que no existe un punto final del duelo. Recobrarse de una pérdida no es eliminar el amor, los recuerdos, es fundamentalmente aceptar la pérdida, que la pena y el dolor disminuyan, llevando el dolor a un sitio donde no duela o, por lo menos, duela menos.

"Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada." (E. Kübler-Ross).

Desde aquí te animo a encontrar tu propia forma de salir de las profundidades...












Autora: Remeis Jiménez. Filósofa y Terapeuta Gestalt Integrativa, Colaboradora del T.E. de Valencia. http://elblogdelacasadelapaz.blogspot.com.es/2015/10/vivir-los-duelos.html



domingo, 18 de octubre de 2015

Conocimiento de si mismo 2015 en el TE de Valencia

Dicen que el camino del Autoconocimiento es muy largo, que dura toda la vida. En el Teléfono de la Esperanza, desde hace muchos años, ponemos a disposición de todas aquellas personas que pretendan iniciar o continuar la dificil tarea de conocerse, un Curso que se denomina así: "Conocimiento de sí mismo", y que pertenece a nuestro Programa de "Agentes de Ayuda". 

Esta es la aventura que comenzaron el pasado fin de semana, del 1 al 4 de Octubre, un numeroso grupo de personas en el Teléfono de la Esperanza de Valencia y lo continuaron en Moncada. Fue intenso y muy participativo. 

Y a juzgar por las caras de los participantes en el mismo, que observamos en estas fotografias, andan por buen camino, y muestran la alegria, pues parecen encantados de haberse conocido a si mismos y entre ellos.




domingo, 4 de octubre de 2015

Avalcab en el Teléfono de la Esperanza de Valencia

El pasado viernes 25 de Septiembre tuvimos la oportunidad de compartir una amena charla con Avalcab en nuestras instalaciones del Teléfono de la Esperanza de Valencia en el acto de inauguración de nuestro ejercicio formativo una vez acabado el descanso veraniego.

Nos acompañaron 3 miembros de esta organización que nos aportaron su experiencia como padres, psicólogos y gestores de esta asociación, que nació en el año 1995, por iniciativa de un grupo de padres de pacientes con bulimia y anorexia en Valencia. 


Nos explicaron su duro y largo recorrido hasta poder llegar al momento actual de esta Asociación AVALCAB y no sin haber sufrido por el camino alguna herida interior, sobre todo tras la crisis económica sufrida, y en la que las subvenciones se cortaron, dejando la asociación en una situación critica de la que pudieron salir con mucho esfuerzo y dedicación.
 
Compartieron con nosotros las realidades de muchas familias que han pasado o están pasando por estas situaciones y realidades.

Compartieron con nosotros los secretos que desde AVALCAB han sido capaces de descubrir y que nos ayudó a entender desde otro prisma:
• Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria.
• Qué es lo más importante de esta enfermedad mental o trastornos en el desarrollo evolutivo de la personalidad.
• Por qué es un iceberg del que posiblemente sólo conocemos una décima parte.
• Y sobre todo cómo debemos confiar y querer todo lo que seamos capaces al afectado.

Nos dieron pautas de como enfocar estas situaciones y que distan mucho del proceso razonable en el que el interés por que el paciente coma y su imagen es totalmente contraproducente, ya que hay que ir al problema o problemas que subyacen, y que es un proceso complejo y multidisciplinar, y que desde un enfoque medico es pobre e incompleto, ya solo va a la reconstitución física y no psicológica.

Tras esta magistral charla, compartimos una cena fría con nuestros compañeros de Avalcab y del resto de colaboradores del Teléfono de la Esperanza de Valencia.

Os adjuntamos el enlace a la pagina de Avalcab. http://www.avalcab.org/