domingo, 30 de agosto de 2015

La metáfora del jardín

Todos, en el transcurso de nuestras vidas, necesitamos metas que perseguir, ir cumpliendo pequeños objetivos que nos acerquen a nuestro fin. Nos aporta estabilidad, seguridad, una guía que nos ayuda a crear nuestro propio camino.
Las metas se definirán según los valores, que son personales. Cada uno de nosotros damos importancia a diferentes aspectos, dependiendo de nuestras necesidades o experiencias. Por lo tanto, nadie podrá decidir por nosotros qué es importante en nuestra vida, qué es prioritario en nuestra jerarquía de valores o qué es merecedor o no de nuestro esfuerzo. 
Quizá para una persona será fundamental dedicar gran parte de su tiempo a su carrera profesional y para otra lo más importante será la crianza de sus hijos. Para uno puede ser imprescindible disfrutar en cada momento y para otro lo será ayudar a los demás a tener una mejor vida.

A veces, por determinados obstáculos que se nos van presentando, olvidamos qué es lo que queremos realmente. Nos obcecamos en "ser felices" y para ello tratamos de eliminar nuestros miedos, obsesiones, preocupaciones,... sin darnos cuenta que lo que realmente estamos haciendo es focalizar toda nuestra atención en ello dejando de lado lo que verdaderamente queremos hacer.

Una pregunta útil para reorientarnos es la siguiente: ¿Cómo te gustaría que te recordaran el día de tu entierro? qué características, qué logros, qué hechos te gustaría que recalcaran sobre ti. Piensa en ello, y decide qué puedes hacer para mantenerte en esa línea.

Kelly G. Wilson y M. Carmen Luciano Soriano plantean la metáfora del jardín para tratar de poner a las personas en contacto con lo que realmente importa en su vida.

Metáfora del Jardín
Supón que eres un jardinero que amas tu jardín, que te gusta cuidar de tus plantas, y que nadie más que tú tiene responsabilidad sobre el cuidado de tus plantas. 

Supón que las plantas son como las cosas que quieres en tu vida, y piensa: ¿cuáles son las plantas de tu jardín? ¿cómo ves las plantas como jardinero? ¿tienen flores, huelen bien, están frondosas? ¿Estás cuidando las plantas que más quieres como querrías cuidarlas?...

Claro que no siempre dan las flores en el lugar que quieres, en el momento que lo deseas; a veces se marchitan a pesar del cuidado; la cuestión es cómo ves que las estás cuidando, ¿qué se interpone en tu camino con las plantas, en su quehacer para con ellas? Quizás estés gastando tu vida en una planta del jardín. En los jardines crecen malas hierbas. Imagina un jardinero que las corta tan pronto las ve, pero las malas hierbas vuelven a aparecer y nuevamente el jardinero se afana en cortarlas y así abandona el cuidado del jardín para ocuparse de ese problema. No obstante, las malas hierbas, a veces, favorecen el crecimiento de otras plantas, bien porque dan espacio para que otras crezcan, bien porque hacen surcos. Puede que esa planta tenga algún valor para que las otras crezcan. A veces las plantas tienen partes que no gustan pero que sirven, como curre con el rosal que para dar rosas ha de tener espinas.

Cualquier jardinero sabe que el crecimiento de sus plantas no depende de su estado de ánimo, sino que cada planta requiere un cuidado sistemático y apropiado y a pesar de ello, nadie puede garantizar el resultado completo con cada planta,... Quizá al jardinero le gustase que el cuidado de una planta diese a la luz una planta con un número de flores blancas de un tamaño preciso, en un tiempo concreto. Pero el jardinero sabe muy bien que la planta puede ofrecer otras flores distintas, en menor número y desprendiendo un olor menos agradable que el deseado, o quizá más. No es algo que el jardinero pueda controlar. La cuestión es si a pesar de ello valora el cuidado de esas plantas. A veces puede impacientarse si la planta tarda en crecer o lo que crece inicialmente no le gusta. Si el jardinero arrancara de cuajo lo plantado y pone otra semilla, nunca verá crecer la planta, y su vida girará sólo en poner semillas sin llegar a vivir cada momento del crecimiento. Otra opción es seguir cuidando las plantas, con lo que ofrezcan en cada momento. 

Pueden surgir varios planteamientos si extrapolamos las plantas de la metáfora a las diferentes áreas de nuestra vida. 

¿Qué se te ocurre? ¿identificas las plantas de tu jardín? ¿te has olvidado de regar alguna? ¿dedicas todo tu tiempo a cuidar tan sólo una? ¿dejas crecer las semillas que plantaste?

¿Estás contento con el cuidado de tu jardín?


Referencias: 
- Wilson, K. G. y Luciano, M. C. (2002): Terapia de Aceptación y Compromiso. Un tratamiento conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.

http://psicoproactiva.blogspot.com.es/2013/07/la-metafora-del-jardin.html

jueves, 13 de agosto de 2015

Bostezos, empatía, contagio, ciencia y obsesiones.

Parece ser que el bostezo se contagia. Y que ese contagio está estrechamente ligado a la empatía (no es exclusividad humana). No obstante, ese contagio no es algo de todo o nada.

Según han demostrado investigaciones (resumidas en un artículo de nationalgeographic), somos selectivos en cuanto al contagio. Es decir, discriminamos con quién sí y con quién no. Resulta que este fenómeno se da con mayor frecuencia con personas con las que mantenemos vínculos afectivos relevantes, por tanto, no se puede generalizar a todo caso.
Recordar este hecho es importante porque de lo contrario cometeríamos el error de atribuir rasgos, personalidad o trastorno de la personalidad psicopática a aquellos que no bostezan en respuesta a nuestro propio bostezo. Es más, podríamos cometer falsos positivos y deducir que nuestro amigo/a (quién sea) no es psicópata porque sí podemos contagiarle el bostezo.

Tenemos la tendencia a etiquetar y clasificar conceptos, situaciones, personas... porque eso nos da la falsa sensación de control y seguridad. Sí amigas/os, somos humanos. ¿Quiere decir esto que debemos dudar de todo a lo Descartes? No. Pero todo conocimiento se engloba dentro de un paradigma científico que con el tiempo, se revisará y cambiará...
(véase Kuhn) Casi todo es relativo a algo o está vinculado con algo, ya sea al contexto etc y debemos entenderlo como tal.

En la práctica, he observado cómo las personas se obsesionan con ideas que han leído y que les acaban causando preocupación, ansiedad... Esto nos puede pasar a todas/os, con mayor o menor frecuencia, ojo. Pero si has de “obsesionarte”, “obsesiónate” con no “obsesionarte”.

Recuerdo que un conocido mío, científico, se obsesionó con el tema del contagio del bostezo y con la ausencia del mismo ( no hay estudios concluyentes sobre psicopatía y ausencia de bostezo, pero suele seducir mucho llegar a conclusiones erróneas del tipo si no p significa que p). Como es un poquito paranoico (entiéndase el termino desde la ausencia de patología y con cariño), estuvo una temporada comprobando con familiares, amigos/as, conocidos/as, colegas... a ver si se contagiaban de su bostezo “espontáneo”. Pues bien, yo había leído sobre el tema también y un día mientras hablábamos por teléfono y comentábamos sobre otros temas, en un momento de la conversación comenzó a bostezar ( él creía que su bostezo era verosímil con uno espontáneo pero no), así como el que no quiere la cosa. Yo que ya lo conozco y soy algo “gamberra”... aguanté la risa y me esforcé para no bostezar ( es fácil cuándo no te están viendo físicamente y puedes esconderte tras un teléfono). Estuvo unos días pensando que era una psicópata, pero aprendió una sabia lección. Espero que vosotras/os también.


Autora: Lorena Balderas. Psicóloga, Criminóloga y Colaboradora del Teléfono de la Esperanza de Valencia. 

http://www.balderaspsicologia.ga/

miércoles, 12 de agosto de 2015

EL VERANO,EL CALOR Y CÓMO LOS MESES ESTIVALES PUEDEN AFECTAR A NUESTRA SALUD Y ESTADOS DE ÁNIMO

Pues bien, para aquellos que nos encontramos en el hemisferio sur, ya oficialmente ¡ha llegado el verano!

Y para muchos de nosotros es, sin duda, la mejor época de todo el año. Las vacaciones, el buen clima y la mayor disponibilidad de tiempo hacen del periodo estival el más adecuado para descansar y recuperar las energías perdidas. Sin embargo, se ha demostrado científicamente que no es tan bonito el verano como lo pintan…

En parte debido a las altas temperaturas y a los cambios de nuestras rutinas, nuestros ciclos del sueño se ven alterados. El calor nos impide dormir adecuadamente, nuestros sueños son más ligeros y no terminamos de descansar adecuadamente por las noches.
Además, el retrasar nuestros horarios, tanto por las mañanas como por las noches, son para nuestro reloj interno como una verdadera bomba.

Consecuencia de esto, el verano provoca que nuestro descanso sea de peor calidad. Y esto nos acaba llevando a estados de agotamiento y tristeza según va avanzando la temporada.

El sol, como energía en estado puro, es para el ser humano una excelente fuente de vitalidad y salud, y se comporta en nuestro sistema como un verdadero excitante. Una cualidad que debería tener consecuencias positivas en nuestro comportamiento. Pero que, mezclado con un estado de agotamiento y tristeza consecuencia de la falta de descanso debida al calor, produce un efecto totalmente contrario.

Estres, irritabilidad, negativismo, desmotivación o mal humor, pueden ser los resultados más probables de esa mezcla. Es por ello que estas fechas son las más propensas a rupturas de pareja, enfados o depresiones. Y si a ello le sumamos la disponibilidad de tiempo para hacer y, sobre todo, para darle vueltas a nuestra cabeza y pensar, pues como que todavía peor…

Esto se debe, en parte, a las endorfinas, que son las “hormonas de la felicidad y el bienestar” y se producen como respuesta a los estímulos del sol en nuestro cerebro. El problema es que en verano, los niveles de endorfinas en la sangre disminuyen. Y es por eso que nos encontremos más cansados y sensibles a todos los demás factores.

Dicho lo cual, parece más que evidente por qué estos meses son los meses de vacaciones por naturaleza para las empresas y centros de enseñanza: Coincide con la época que el cuerpo está menos receptivo a la actividad.
  
Evitar males mayores y poder disfrutar de unas bonitas vacaciones sin preocupaciones y acompañados de un buen clima y ojalá, una buena compañía, puede ser relativamente sencillo si seguimos una serie de recomendaciones:

  1.  Buscar actividades que nos motiven y puedan compensar en la medida de lo posible las consecuencias del calor y de los cambios en nuestro ciclo del sueño.

  2.  Evitar los golpes de calor extremo, sobre todo el de aquellas horas entre las horas del mediodía, y protegerse bien con sombrillas, viseras, ropa cómoda, etc, para no dar lugar a insolaciones.

  3.  Hidratarse adecuadamente. Si beber suficiente agua ya es necesario durante el resto del año, en los meses de calor resulta todavía más importante. De esta manera, retrasaremos el agotamiento de nuestras células y de nuestro organismo.

  4.  Aumentar el consumo de alimentos básicos ricos en hierro: pescado, lentejas frutos secos, cereales integrales: altamente recomendables en estas fechas por su contenido en fibra y magnesio. Sales minerales: a través de frutas y verduras en cantidad
  
Ahora sí, teniendo un poquito cuidado y dando respuesta a las necesidades de nuestro organismo, ya estamos preparados para disfrutar como se merecen estos meses de verano…

FUENTE: http://todoenlavidaesactitud.com/

domingo, 9 de agosto de 2015

¿ES EL AMOR UN ARTE? ¿O ES MÁS BIEN UN DES-ARTE? (1ª PARTE)

“El amor intenta entender, convencer, vivificar. Por este motivo la persona que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productiva, es más ella misma.”

¿Es el amor un arte? Así es como comienza el capítulo primero del libro más conocido de Erich Fromm, “El arte de amar”. Y así, con una pregunta como ésta, el autor nos invita a reflexionar sobre el amor invitándonos a responder también a otras preguntas tales como: ¿qué significa amar? ¿qué es dar? ¿cómo desprendernos de nosotros mismos para experimentar ese sentimiento?
El libro fue escrito en 1956 y aun así leerlo resulta tremendamente actual. ¿Será porque a pesar de todos los adelantos tecnológicos que ha habido desde entonces nos encontramos todavía en pañales respecto al amor? o ¿será que no nos atrevemos a ponerlo en práctica? Al Amor, me refiero…y con mayúsculas…

Sea como sea y por lo que sea, me quedo con la idea del amor como un arte. El arte, la vida y el misterio del amor, que como el agua… se mueven en un flujo universal que en su esencia última es innombrable…

Y así, en todo aprendizaje de un arte, el autor  nos propone dos pasos necesarios: primero dominar la teoría y segundo pasar al dominio de la práctica. Aunque Fromm en su libro empieza primero con la teoría, yo me he tomado la libertad de empezar este artículo por la parte práctica.
¿Por qué? podríais preguntarme. Pues bien, sencillamente porque –como bien dice el autor- la mejor manera de aprender la práctica del amor es practicándolo. Pero…como Fromm menciona ciertos requisitos imprescindibles para poner en práctica cualquier arte, pues precisamente por ahí propongo que empecemos. Es decir, os invito a lo siguiente: 
primero vemos los requisitos prácticos necesarios para el dominio de un arte, que nos van a servir para todas las “artes”. Más adelante, en una segunda parte, nos centraremos en la “teoría” del arte amoroso, teoría que podremos integrar mejor desde la perspectiva que ya nos habrá dado la puesta en práctica de esos requisitos básicos. ¿Os animáis? ¿Sí? Pues… ¡manos a la obra!

En primer lugar, el autor nos dice que la práctica de un arte requiere disciplina, autodisciplina, sólo así podemos pasar del status de aficionado al de maestro.

En segundo lugar requiere concentración; nuestra vida moderna nos lleva a la dispersión, a hacer varias cosas a la vez, a no “estar” en ningún sitio (mientras wasapeo ¿quién sabe la de cosas que voy haciendo al mismo tiempo?) La falta de concentración nos lleva a tener dificultades para estar a solas con nosotros y nosotras mismas.

Un tercer factor es la paciencia; cualquier persona que se ha dedicado a aprender un arte sabe que hay que saber esperar, que los resultados no son inmediatos.
Para el hombre y la mujer modernos, según Fromm, es difícil practicar la paciencia, la concentración y la disciplina porque el tipo de sociedad en la que vivimos nos alienta precisamente a lo contrario: la rapidez, la dispersión, la satisfacción inmediata de nuestras necesidades.

Finalmente otra condición para aprender un arte es el de la preocupación suprema por el dominio del arte. Si el aprendizaje de ese arte no se convierte en algo de vital importancia, una vez más, según Fromm, el aprendiz nunca dejará de ser un simple aficionado. Entendamos esa preocupación en un sentido positivo, por ejemplo, si estamos empezando a poner en práctica todo esto, estamos ya pre-ocupándonos: preparando el terreno para poder plantar las semillas que vendrán después.

Una última cuestión respecto a las condiciones generales para aprender un arte: no se empieza por aprender el arte directamente, hay que aprender una serie de cosas que “aparentemente” no tienen ninguna relación con ese arte. Si se aspira a ser un maestro en cualquier arte, toda la vida tiene que estar dedicada a él o por lo menos, relacionada con él. Respecto al arte de amar esto significa que quien aspire a ser un maestro o una maestra en el amor debe comenzar a practicar la disciplina, la concentración y la paciencia en todas las facetas de su vida. ¿Entiendes ahora por qué he decidido empezar con la parte práctica?

La práctica de la disciplina. Lo importante es que esos hábitos saludables que queremos instaurar en nuestra rutina diaria sean expresión de nuestra propia voluntad. Es decir, si alguien me los impone o me los impongo yo misma, como algo muy costoso y hasta doloroso, eso no es disciplina, es más bien tortura autoimpuesta. La disciplina bien entendida es un ejercicio de nuestra voluntad, debe ser algo que  nos resulte agradable aunque al principio haya que superar ciertas resistencias. Empecemos a hablar del disfrute de nuestra propia disciplina. Cada cual que encuentre la fórmula que más le vaya, su propia receta. 

La práctica de la concentración. Ciertamente estamos inmersos en una cultura que nos lo pone muy difícil. El paso para llegar a concentrarse es aprender a estar a solas consigo misma/o, sin leer, sin música, sin beber…Que las personas consigamos este poder estar solas con nosotras mismas es una condición indispensable para la capacidad de amar. Al respecto, sería positivo poder dedicar unos pocos minutos cada día a este ejercicio. Asimismo esta capacidad de concentración se trasladaría al resto de actividades: leer, charlar con alguien, contemplar un paisaje. 
Aprender a concentrarse conlleva el hacerse sensible a uno mismo. Fromm nos pone el ejemplo de la madre que está atenta y concentrada en su hijo y por lo tanto, es capaz de detectar los cambios corporales, las exigencias, las angustias del niño o de la niña que tiene delante. De igual manera podemos ser sensibles a nosotros mismos: a nuestra sensación de cansancio, a nuestra tristeza o alegría, a nuestros pensamientos, a nuestra manera de movernos, a nuestros sueños, a nuestras aspiraciones, a nuestros anhelos más profundos. 
Una vez logrado esto, ya estamos en condiciones de poder concentrarnos en la relación con los demás, estamos en condiciones de “escuchar” y de ser sensibles a otro ser humano. Fromm nos dice que la mayoría de las personas creen que escuchar con concentración es cansado y fatigoso. Él nos dice sin embargo que cualquier actividad que hagamos concentradamente tiene un efecto estimulante.

La práctica de la paciencia. Estar concentrad@ significa vivir plenamente en el momento presente, en el aquí y ahora, en los regalos que nos da el momento presente, que son muchos. Y esto implica un alto grado de paciencia: nos hacemos sabedores de que todo tiene su momento, aprendemos que no hay que forzar las cosas. 

“Para tener una idea de lo que es la paciencia, basta con observar a un niño que aprende a caminar. Se cae, vuelve a caer, una y otra vez, y sin embargo sigue ensayando, mejorando, hasta que un día camina sin caerse.”

Todas y todos fuimos ese niño que aprendió a caminar con tesón y paciencia, todas y todos tenemos esa capacidad, esa fuerza que mucho tiempo atrás nos llevó a alcanzar y mantener el difícil equilibrio sobre nuestros dos pequeños pies. ¿Te animas a practicarlo de nuevo? ¿Con tus grandes pies de hoy?


Remeis Jiménez. Filósofa y Terapeuta Gestalt Integrativa, Colaboradora del T.E. de Valencia.
Fuente: El arte de amar. Erich Fromm, ed. Paidós, 2007.

jueves, 6 de agosto de 2015

Cómo discutir usando el método socrático

El método Socrático puede usarse para mostrar a alguien que están equivocados haciéndolos que concuerden con los argumentos que contradicen su afirmación original. Ya que Sócrates creía que el primer paso para el conocimiento era reconocer la ignorancia de uno, no es sorprendente que esos métodos se enfocasen no sólo en probar su punto pero en desaprobar el punto de vista de la otra persona con una serie de preguntas, resultando en el cuestionamiento. Éste método se usa en la escuela de leyes para enseñar a los estudiantes la habilidad del pensamiento crítico, y se usa también en la psicoterapia y en los salones.

1 Ubica la declaración que crea todo el argumento. Sócrates averiguaba tal argumento preguntándole a la persona que definiera algo, como “¿Qué es la justicia?” o “¿Qué es la verdad?”. Puedes emplear el método Socrático usando cualquier afirmación declarativa en la cual una persona suene segura, como “esta mesa es azul”.

2 Examina las implicaciones de tal argumento. Asume que la declaración es falsa y encuentra un ejemplo donde la declaración sea falsa. ¿Puedes proveer un escenario, real o imaginario, que sea inconsistente con la declaración? Envuelve el escenario esa pregunta:
"¿Para una persona ciega, la mesa sigue siendo azul?”
Si la persona dice no, procede al siguiente paso.
Si la persona dice que sí, pregunta: “¿Qué le hace que sea azul a una persona ciega, y no verde, rosa o morada?" En otras palabras, si alguien no puede ver, ¿qué es lo que hace que esta mesa sea azul?. Esta pregunta puede frenar a personas que piensan que el color sólo existe en la percepción de la persona que lo experimenta. Si es así, procede al siguiente paso.

3 La declaración inicial para tomar la decepción en cuenta. “Así que la tabla es azul sólo para aquellos que la pueden ver”.

4 Desafía la nueva declaración con otra pregunta. Por ejemplo, “¿Si la tabla está en medio de un cuarto vacío, donde nadie puede verla, todavía sigue siendo azul?” Eventualmente, llegarás a una declaración en la cual la persona concuerde contradiciendo su declaración original. En este ejemplo, puede que termines apuntando a la subjetividad de la percepción del color y discutas que el color sólo existe en la mente de una persona como resultado de su percepción; y no es actualmente la propiedad de la tabla. En otras palabras, la tabla no es azul. La percepción de tu oponente de esta tabla es azul.
Si la persona rechaza el existencialismo como una verdad presupuestada sin embargo, puede que todavía no lleguen a un acuerdo al final de tu afirmación.

Consejos

La meta con el método socrático es examinar las posibilidades, y eso se hace haciendo preguntas, no dando respuestas. Sócrates era conocido (y criticado) por hacer preguntas a las cuales él no tenía respuesta.

La clave para usar el método Socrático es ser humilde. No asumas que tú o alguien sabe todo. Cuestiona cualquier premisa.

El método socrático no es sobre probar a las personas que están equivocadas, si no desafiar las declaraciones. Si tu meta es discutir con efectividad, Sócrates puede ofrecerte muchos consejos, pero este método se usa mejor para desafiar incluso tus propias creencias.

Advertencias

Sócrates, el inventor de este método, fue forzado a suicidarse (tomando cicuta) porque molestaba a muchas personas. Mientras que es poco probable que el uso excesivo del método socrático termine con tu vida es posible que muchas personas dejen de hablar si tienes el hábito de destrozar cualquier declaración que hagan. Debate de manera amistosa e intenta no avergonzar ni molestar a tu oponente.

Platón discutía que Sócrates no sabía la respuesta y aún así por las escrituras de Platón (que son por las únicas que conocemos de Sócrates) uno puede presumir que a menudo hacía preguntas de las cuales sí tenía respuestas. Los profesores de negocios y leyes usan esta técnica del cuestionamiento retórico en sus enseñanzas, así como Jesús de Nazaret - la figura religiosa cristiana.

Fuente:http://es.wikihow.com/discutir-usando-el-m%C3%A9todo-socr%C3%A1tico


domingo, 2 de agosto de 2015

Alexitimia, la incapacidad para decir "te quiero"

Las personas con alexitimia no son capaces de identificar y expresar sus sentimientos, por lo que tienen dificultades en las relaciones interpersonales. 

Continuamente muchas parejas celebrarán su amor regalándose gestos de cariño y palabras bonitas. Pero, ¿te imaginas no ser capaz de decirle te quiero a la persona amada o no saber identificar si lo que sientes por ella es amor o amistad? Puede que esto te haya pasado alguna vez en la vida, pero cuando la dificultad para reconocer y expresar sentimientos y emociones es crónica estamos ante una persona con alexitimia. «Es un rasgo de la personalidad, una anormalidad, pero no está claro que sea un trastorno», aclara es el profesor Pablo Duque, coordinador de la Sección de Neuropsicología de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

El término alexitimia, de origen griego, y que significa dificultad para expresar afectos, fue acuñado por el profesor de Psiquiatría de Harvard Peter Sifneos, en los años 70. No todas las personas presentan el mismo grado de afectación. Hay quien no sabe ni identificar ni expresar las emociones y otros que sí saber reconocerlas pero no pueden verbalizarlas. Según el origen también puede distinguirse entre una alexitimia primaria, producida porque las estructuras neurológicas vinculadas con las emociones están dañadas, y la secundaria, como consecuencia de un trauma emocional grave o por un desorden en el aprendizaje emocional.

«La alexitimia es muy típica en pacientes que han sufrido enfermedades o trastornos neurológicos o psiquiátricos (accidentes vasculares, traumatismos craneoencefálicos, tumores), pero donde más aparece es en los trastornos afectivos, como síndromes depresivos, ciclotimia, etc. Podríamos decir que la alexitimia es un signo o un síntoma de un trastorno», explica el profesor Duque.

No estamos hablando de personas sin emociones, las tienen, su dificultad es que no saben reconocerlas y expresarlas con palabras o gestos. Para que se hagan una idea, si le preguntamos a una persona con alexitimia cómo se encuentra, probablemente responderá algo tan abstracto como «mal», pero no será capaz de distinguir si lo que siente es rabia, ira, tristeza, odio...

La importancia de las emociones
«No solo tomamos decisiones con el intelecto si no también con el reconocimiento de las emociones, que influyen muchísimo en la atención, la memoria y el racionamiento. Nos indican qué es lo importante y nos ayudan a tomar decisiones», explica el profesor Pablo Duque, que advierte de que cuando no somos capaces de reconocer nuestros sentimientos ni de interpretarlos, «no podemos utilizar una información que es muy valiosa, lo que hace que sea mucho más complicado tomar decisiones y crear vínculos sociales».

«Estas personas tienen dificultades en las relaciones interpersonales. Les cuesta identificar su propio sentir, por ejemplo, para delimitar bien el amor y la amistad, y tienen dificultades para involucrarse en determinadas relaciones», apunta el experto.

La Sociedad Española de Neurología estima que, al menos y según estudios de prevalencia en diferentes poblaciones, el 10% de la población mundial padece esta anomalía, que puede abordarse mediante terapia psicológica.

Autora: CRISTINA GARRIDO
Fuente:http://www.abc.es/sociedad/20130214/abci-alexitimia-incapacidad-expresar-sentimientos-201302131736.html